La Reflexión Semanal

El Evangelio del Domingo

 

 

Nos han dicho que quieres volver a nacer otra vez.

Mira que eres loco, ¿eh?

¿Pero no ves lo que somos y lo que estamos haciendo?

Y, sin embargo, Tú quieres venir.

Ya no sé si con tu gesto testarudo

de volver cada Navidad

estás pretendiendo decirnos algo:

Que el cielo está siempre abierto,

que hay estrellas para guiar nuestros pasos,

que hay ángeles humanos a nuestro lado,

que podemos hacernos tiernos como niños,

que el mundo puede ser nuevo,

que Dios es Padre y Madre en nuestro desconcierto…

Que nadamos en abundancia

mientras hay hermanos, nuestros y tuyos,

que sufren hambre de pan,

de cultura, de libertad, de cariño, de dignidad…

Que tenemos un mensaje que se llama Evangelio

que todavía no es buena noticia para todos,

porque nosotros lo desvirtuamos y malvivimos.

Que tenemos miedo de vivir

y cerramos nuestro corazón a los hermanos.

Que nos preocupamos mucho por nosotros

y nos justificamos ante ti dando limosnas.

Que no sabemos compartir,

y que Tú sigues encontrando nuestras puertas cerradas…

Si es así, Jesús,

ven a nuestras casas esta Navidad.

Ven a nuestra ciudad,

ven a nuestra parroquia,

ven a nuestro grupo.

Ven a nuestro mundo.

Y ven, antes que nada,

a nuestro pobre corazón.

 

 

 

En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta.

 

Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

 

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno sus rebaños. Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.

 

El ángel les dijo: No temáis, os traigo la Buena Noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

 

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.

 

(Lc. 2, 1-14)

 

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