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La
Reflexión Semanal |
El
Evangelio del Domingo |
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Tú, nos conoces por dentro, Señor.
A
ti no hay quien te engañe. Como Lázaro en el sepulcro,
a
veces, nuestra vida huele a muerto. A base de trampas, egoísmos e injusticias,
y
a costa de prescindir de ti en nuestras vidas,
nos hemos creído dioses,
autosuficientes y soberbios.
Pero, en realidad, casi sin darnos cuenta,
hemos acabado encerrando nuestra existencia
en auténticos sepulcros:
bonitos de apariencia,
pero llenos de pecado y de muerte por dentro.
Hoy, Señor, una vez más,
llegas hasta nosotros como cuando llegaste hasta el sepulcro de Lázaro.
Tú, que eres la resurrección y la vida,
grítanos con voz potente como a él,
y
ayúdanos a salir de nuestro pecado. Transforma, con tu perdón y con la fuerza de tu
Espíritu, esas zonas muertas de nuestra existencia
que sólo Tú puedes hacer revivir.
Danos vida, Señor, para renacer como hijas e hijos de Dios,
vivir como tales, y
ser testigos de tu esperanza en toda situación de muerte.
Porque Tú eres el Dios de la vida,
¡gracias, Señor! |
En
aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta,
su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con
perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano
Lázaro.] Las
hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu amigo está
enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte,
sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea
glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde
estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a
Judea." [Los
discípulos le replican: "Maestro, hace poco intentaban apedrearte los
judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús contestó: "¿No tiene el día doce
horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto,
añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo." Entonces
le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, se salvará." Jesús se
refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño
natural. Entonces Jesús les replicó claramente: "Lázaro ha muerto, y me
alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y
ahora vamos a su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los
demás discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con
él."] Cuando
Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba
poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver
a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se
enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se
quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no
habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios,
Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta
respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le
dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya
muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.
¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías,
el Hijo de Dios, el que tenía que venir al
mundo." [Y
dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: "El
Maestro está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde
estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que
estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con
ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa,
la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó
María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor,
si hubieras estado aquí no habría muerto mi
hermano."] Jesús,
[viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,]
sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Donde lo habéis enterrado?" Le
contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó a llorar. Los judíos
comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha
abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?"
Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta
con una losa. Dice Jesús: "Quitad la losa." Marta, la hermana del muerto,
le dice: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice:
"¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron
la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy
gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo
digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Y
dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió,
los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo
andar." Y
muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho
Jesús, creyeron en él. (Juan
11,1-45) |
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