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La
Reflexión Semanal |
El
Evangelio del Domingo |
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Dentro de mí luchan fuerte dos
corrientes: una quiere que le haga un
hueco, que trabe amistad con los de
siempre y
me arrime a los que triunfan y tienen, que me monte en la creSta de la
ola y
suba con su espuma. La otra, que sea
hueco -casa, choza, techo,
refugio- para los que nada
tienen. Dentro de mí luchan fuerte dos
querencias: una piensa en
aprovecharse, en sacar partido y
beneficio a
todo y todos los que se cruzan en mi camino; en quedarse, como siempre, en su puesto y
centro recogiendo aplausos y
elogios. La otra, en salir a la
periferia A
estar con los que son despojo; en convidar y
compartir sin esperar
recompensa. Dentro de mí luchan fuerte dos
voluntades: una opina que hay que pisar
fuerte, que hay que medrar y alzarse como
sea, que los otros siempre son
rivales, que codazos, zancadillas y
empujones son cosas bien naturales y
valen para labrarse placas e
imágenes. La otra, que hay que
abajarse, porque muchos no pueden
levantarse. Dentro de mí luchan fuerte dos
pasiones: una busca lucrarse y
aprovecharse entre tráfico e
influencias y
privilegiadas informaciones, favoritismos, enchufes,
prebendas; que todos aporten para mantener
llena cartera, bolsillo, cuenta y
maleta. La otra sueña en alegrar y
saciar a
los que no tiene cartera, y
en vivir feliz aunque te despierten, te pidan y no te
paguen. Dentro de mí luchan fuerte mis
quereres. Y
todavía no he organizado ese banquete, tu banquete, mi banquete, nuestro banquete… gratis. |
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "Un hombre, al
irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes:
a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual
según su capacidad; luego se marchó. [El que recibió cinco talentos fue en
seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo
lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en
la tierra y escondió el dinero de su señor.]
Al
cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a
ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco
talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me
dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres
un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un
cargo importante; pasa al banquete de tu señor."
Se
acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos
talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy
bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te
daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."
Finalmente,
se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres
exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve
miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El
señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque
sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías
haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera
recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que
tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no
tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo
fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de
dientes." (Mateo
25,14-30) |
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