La Reflexión Semanal

El Evangelio del Domingo

 

 

Antes de cuaresma, carnaval... tiempo de caretas, de disfraces, de ficción... A veces me inquieta pensar que siempre hay que andar con máscaras puestas; yo y todos. Que debajo de la aparente seguridad late un rostro temeroso. Que tras el semblante risueño hay una mueca de dolor. O que tras la cara compasiva puede haber un gesto de desprecio. Quiero aprender a ver los rostros humanos, quiero no tener miedo de dejarme ver. Ahora, cuando se apagan los ecos del carnaval, es tiempo de quitar maquillajes.

 

¿Quién no ha imaginado alguna vez tener otra vida? Otra historia, otro mundo, otros nombres, otros recuerdos... Me veo como quien optó por la ciencia y llegó a la luna, o como quien optó por la riqueza y se hizo de oro. Me sueño como quien eligió otra vida, y hasta añoro lo que nunca voy a vivir.

 

Pero hay mucho de engaño o de entretenimiento vacío en esos pensamientos. En realidad mi vida es una. Aquí y ahora. Sólo una. Y es única e irrepetible.

 

Tal vez sea ahora un tiempo de bucear en quién soy yo... (no un yo distinto, no una imagen edulcorada, ni otra cruel o autocrítica). Yo, con mis logros y mis heridas, con mis retos y mis miedos, fracasos y triunfos. Yo, contigo Señor, que cada día me dices: levántate y anda.

 

 

 

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni en la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.

 

Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados quedan perdonados." Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: "¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?" Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: "¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"?

 

Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados..." Entonces le dijo al paralítico: "Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa." Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto una cosa igual."

 

(Marcos 2,1-12)

 

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